ISSN 0798 1015

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Vol. 40 (Nº 44) Año 2019. Pág. 30

Educación y Arte Queer: Una política diversa en la pedagogía de la modernidad

Education and Art Queer: A diverse policy in the pedagogy of modernity

CEDEÑO ASTUDILLO, Luis Fernando 1

Recibido: 05/06/2019 • Aprobado: 21/12/2019 • Publicado 28/12/19


Contenido

1. Introducción

2. Lo QUEER en la historia y las nuevas tendencias educativas

3. Lo QUEER como una identidad artística desde el espectro socio-educativa

4. Filosofía queer en la educación sexual

5. Conclusiones

Bibliografía

Citas


RESUMEN:

Las perspectivas de género son mucho más que una simple percepción educativa. Si bien la tolerancia y el respeto juegan un rol importante en la prevención de la violencia y cualquier forma de discriminación del género dentro del ámbito educativo, no quiere decir que los factores culturales sean las únicas cuestiones predominantes en esta materia de estudio, pues, el espectro pedagógico tiene mucha incidencia en la formación integral del ser humano. Lo queer, lo extraño, lo raro, últimamente se ha vuelto la excusa predilecta para rechazar todo aquello que se opone al género como una construcción, pero ¿cómo fomentar un ambiente de respeto en instituciones donde la identidad de género aún se observa como un tabú?
Palabras clave: Educación, perspectiva de género, queer, identidad, espíritu, discriminación

ABSTRACT:

Gender perspectives are much more than a simple educational perception. Although tolerance and respect play an important role in the prevention of violence and any form of gender discrimination within the educational field, it does not mean that cultural factors are the only predominant issues in this field of study, therefore, Pedagogical spectrum has a great impact on the integral formation of the human being. The queer, the strange, the strange, lately has become the favorite excuse to reject everything that opposes gender as a construction, but how to foster an environment of respect in institutions where gender identity is still seen as a taboo?
Keywords: Gender approach, queer, identity, spirit, discrimination

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1. Introducción

Quienes se identifican como queer probablemente hayan resuelto el enigma filosófico sobre los tratados del ser. Aunque su identidad permanece invisible ante la respuesta ciudadana, consideran que la aceptación de la diversidad de género debe responder a la necesidad de ideales humanistas olvidados, promoviendo un discurso de aceptación y tolerancia representando mucho más que una simple alegoría ideológica.

Si el sexo se corresponde con una configuración anatómica, el género es la percepción de una identidad adoptada fácilmente demostrable. Mayormente, los individuos se identifican como mujeres o varones. Sin embargo, la existencia de personas que afirman no ubicarse dentro de un modelo tradicional, o estereotipado cuestiona esa representación bipolar de los géneros. Hasta hace muy poco, la sociedad ha resuelto el problema situándolo en el terreno de la patología. Pero ¿qué ocurre con un sistema educativo que -consciente o inconscientemente- discrimina la identidad queer por no entender o desconocer su existencia?

Tanto la antropología, como algunas tendencias sociales históricas y otros temas como el feminismo y la teoría sociales, han dado paso a la sistematización de información abriendo un largo debate sobre las concepciones médicas sobre identidad de género. Esto, supone la permanencia de la comunidad queer en las distintas agendas educativas, quienes reclaman sus derechos al poner de manifiesto que las cosas no están tan claras como se creía.

La  orientación sexual e identidad de género son temas distintos e independientes. Con identidad de género podemos referirnos al aspecto interno del individuo; aquello que rechaza lo biológicamente correcto y prefiere aceptarse a sí mismo (y socialmente) como un hombre o una mujer indistintamente de su sexo.  En cambio, la orientación es simplemente el apego afectivo o sexual por otra persona sin que aquello implique atribuir roles específicos en su comportamiento.

2. Lo QUEER en la historia y las nuevas tendencias educativas

En otras épocas, mencionar el término “queer” equivalía a un insulto de singular magnitud. En el idioma de Withman (no me refiero a Shakespeare para evitar epítetos aristocráticos), cerca de los años 1700, esta palabra se utilizaba para etiquetar a las personas  que no encajaban en una sociedad normal, dada su excentricidad para convivir, su extraña forma de comportarse, su poca utilidad en el medio y su reticencia a los buenos modales y costumbres. Se consideraba queer al tahúr, el fanfarrón, el estafador, el delincuente de poca monta y el raro de la familia noble; sin embargo, se utilizaba también para señalar a cualquier persona que – por alguna razón genética – no  pudiera ser identificado rápidamente como hombre o mujer. Para la época, los hombres con notorios rasgos femeninos eran solicitados (y cotizados) para interpretar a mujeres en obras de teatro de popular (algo que se puede ver en la película Shakespeare in Love) por tanto, su significado no era exclusivo para este grupo de personas.  Lo queer no resultaba un calificador de cualidades íntimas, más bien, se limitaba a criticar el estilo de vida reflejado en los linderos sociales y a la propia incapacidad del hablante  para encontrar una palabra que pudiera definir aquello que le parecía moralmente incorrecto. Es decir, desde sus inicios, lo queer  es un error de interpretación lingüística sin un contenido exacto, que podía ser tomado apenas como un simple adjetivo. Es más, por eso utilizo el articulo contracto lo para referirme al término, y no le otorgo una significación sexista que pudiera herir susceptibilidades vanas en un futuro. Sin embargo, como toda moda inexplicable termina siendo parte de un modismo común, su expresión, con el paso del tiempo, resultó perturbadora y hasta cierto modo injuriosa de concepciones graves.

El término queer, si bien significa “extraño” o “raro”, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX,  empezó a utilizarse despectivamente hacia las personas de tendencia homosexual. Hoy, lo queer se aparta de su concepción tradicional para situarse dentro de un proceso se reformación paulatina dentro de la matriz social.

En español, el término queer no tiene traducción.  Muchos han  intentado traducirlo  como algo retorcido, homosexual o rosa. Sin embargo, por lo general no se atribuye el contexto original del término anglosajón, por lo que muchos proponen el uso universal del término queer.

Con esto, se deja de manifiesto que la etiqueta del género se aleja de los cánones de lo moralmente  aceptado,  dejando a  la orientación e identidad de género como la consecuencia de una construcción social. No obstante, aun con oposición de los grupos conservadores, se ha buscado –con un éxito a medias – que los  roles sexuales descritos por la biología (y afirmados por un machismo institucionalizado), se consideren como formas de comportamiento general dentro de los estándares sociales, sin menoscabo de los derechos de terceras personas.

La sexualidad pertenece al desarrollo físico y emocional del ser humano. Desde que nace, durante todo su proceso de formación familiar, social  y académica, por distintos medios se halla con manifestaciones sexuales  que dan una idea sobre lo que podría corresponder a su cuerpo y aquello que no. Y ante tantos medios globalizados, incluyendo lo mainstream, (1) el predominio cultural consigue que a cada género le sea asignado un rol. En consecuencia, según sea hombre o mujer, la persona adopta las características que, de acuerdo con su género, son aceptadas por la sociedad en la que se desarrolla (Endean, 2006)

Los principales defensores de la ideología queer se basaron en estudios planteados anteriormente por FOUCAULT (2), WITTIG (3), DERRIDA (4) Y RICH (5). Universidades de Estados Unidos como Columbia, Duke y Nueva York fueron pioneras en estudios sociológicos sobre esta teoría, cuya corriente fue expandiéndose por toda américa y países europeos de tendencia liberal. En todos, cada uno de sus planteamientos fue tomando forma en función de aquellas corrientes que cimentaron las bases de la Teoría Queer.  Por ejemplo: el término “deconstrucción” (atribuido a Derrida) se refiere a una forma de análisis filosófico y metódico, que debe ser entendida como un intento de reorganizar el pensamiento occidental, ante un variado surtido de contradicciones y desigualdades, no siendo esta una doctrina, una filosofía, o un método.  Este término fue usado inicialmente por Heidegger (Acevedo, 2010). Sin embargo, su definición más conocida (no aceptada) sigue siendo el planteamiento de Derrida, por cuanto niega la posibilidad de darle un significado estable a cada cosa.

Respecto del tema académico, algunos estudios sobre las tendencias gais y queer en general, tienen su punto de partida en la década de 1970 con la publicación de varios artículos sobre historia gay, mismos que fueron inspirados en estudios étnicos y otras minorías, identificándose por la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt. Su énfasis inicial proponía el descubrimiento de la historia represiva de la vida homosexual. Al mismo tiempo, estos estudios se abrieron camino en las áreas de literatura, donde la llamada "Teoría de Queer", desafiaba las categorías de identidad sexual como aspectos socialmente construidos. (Branch, 2018)  El mismo año, en la Universidad de California (Berkeley)  se impartió el primer curso de pregrado en los Estados Unidos sobre estudios LGBT  a mediados de 1970, cuyo pensum fue tomado después por la  Universidad de Illinois y la Universidad of Nebraska, los cuales, promoviendo los principios impartido por el Dr. Louis Crompton, culminaron con la introducción de un proyecto de ley que buscaba erradicar la absurda prohibición de discusiones sobre la homosexualidad en las universidades y colegios, aunque finalmente fue rechazado, dado el contexto político de la época.  (McNaron & Poisoned, 1997)

En 1986, la Universidad de Harvard y la Universidad de Nueva York empezaron a impartir un programa académico sobre estudios gais, donde se incluían por primera vez garantías universales relacionadas con la libertad de expresión y la no objeción de conciencia.  El City College de San Francisco organizaron y crearon el "Primer Departamento de estudios Gais y Lésbicos" con el profesor Dan Allen, diseñando uno de los primeros cursos de literatura gay en el país en el otoño de 1972, y la universidad estableciendo lo que se llama "El primer Departamento de Estudios sobre Gays y Lesbianas de los Estados Unidos", en los inicios del año 1989.  Su mismo presidente departamental, el Dr. Jonathan David Katz, fue el primer profesor titulado en estudios QUEER en el país. El "Hobart y William Smith Colleges" del estado de Nueva York, fue el primero en ofrecer especializaciones en Estudios LGBT en la postrimería de 1990, y, actualmente, es una de las pocas instituciones que poseen específicamente un programa completo de Estudios LGBT. Esto ha servido de base para que otras instituciones de educación superior hayan absorbido sus temáticas en los programas de Estudios de Mujeres y Género.

En 1989, la Universidad de Columbia contribuyó al desarrollo de la Teoría Queer, juntamente con la Universidad de Duke y el Centro de Estudios de Lesbianas y Gais de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.  Gracias a estas instituciones, comienzan a editarse varias revitas con ensayos sobre la diversidad sexual, como The Journal of Sex Research, Journal of Homosexuality, Journal of the History of Sexuality, y A Journal of Lesbian and Gay Studies.

En  Europa la Universidad de Utrecht puede considerarse pionera al formalizar un área de estudios interdisciplinarios que involucra temáticas gais, mismo que cuenta con el aval del Foro sobre Literatura y Homosexualidad (Forum Homosexualität und Literatur). Asimismo, la Universidad de Ámsterdam cuenta con el Archivo Internacional sobre Información Lesbiana y Homosexual (IHLIA) también conocido popularmente como "Homodok", fundado en el año de 1985. Este espacio representa un almacenamiento internacional de documentación y archivos sobre sobre los lectivos LGBTI, mismo que ha recopilado  preservado todo tipo de información en este campo, disponiendo en su acervo más de 100,000 títulos entre libros, revistas, películas, documentales, fotografías, infografías, etc., al alcance del público en general.

El gran contratiempo en este embrollo conceptual es que no tenemos una definición exacta para referirnos al queer, ni se han descubierto nuevas premisas de otras tendencias similares que nos permitan en diseñar una connotación técnica de su significado.  Por esto mismo, adecuar un término a los tiempos actuales en el campo educativo no amerita un trabajo contracorriente, muchos menos, implica interpretar un término nuevo como una rebelión contra la firmeza de la norma.  Estas situaciones, desde luego, provocan  a una disyuntiva que a menudo toma fondo en los círculos académicos ¿es posible criticar u objetar algo de lo que no se tiene un pleno conocimiento?

Es común que la morfología del lenguaje en determinadas áreas educativas, nos presuma simbolismos para todo concepto; que las corrientes gramaticales de vanguardia creen definiciones (especialmente anglosajonas) para referirse a todo aquello que se percibe, pero no se conoce. Sin embargo, en el caso queer, sí se ofrecen conceptos (aunque borrosos), que permitan un debate social para evitar significados adversos. Aunque  tales situaciones  no compaginan con las distintas aristas coloquiales que podemos seleccionar al momento de buscar una traducción al castellano dentro del campo semántico (extraño, desviado, raro, torcido, excéntrico, marica, etc.)  sí podemos discutir que su factor común no es la predominancia de un algo residual, sino, como aquello que no tiene sustento dentro de las cosas ordinarias (6).

En inglés, el término queer tiene varias extensiones. Como sustantivo significa "maricón", "homosexual", "gay", mismos que se ha utilizado despectivamente en relación con la sexualidad, designando la falta de pudor y la anormalidad de las orientaciones homosexuales dentro de la sociedad actual. Estas prácticas admiten  una cosmovisión de lo aceptado y lo incorrecto en un espectro de moralidad, que mucho tiene que ver con las políticas conservadoras y el cogobierno del clero, cuyas decisiones –en Hispanoamérica – siempre han tenido acogida.   Aunque el uso peyorativo de la palabra (incluso referido por la propia Iglesia) no ha cesado, muchas personas de la comunidad LGBT han reclamado forma más abierta y menos discriminatoria de queer sus orientaciones sexuales y de género. Gracias a los medios globalizados, lo queer actualmente sirve – más que una contraposición a lo straight) como un término generalizado que no solo involucra a aquellos que se identifican con una tendencia sexual distinta, sino también a las personas que no se encuentran entre los binarios, buscando desaparecer las etiquetas que limitan la libertad sexual y de conciencia como sucede con la pansexualidad, intersexualidad, los géneros disconformes y entre otros.

3. Lo QUEER como una identidad artística desde el espectro socio-educativa

Asignar o estudiar la teoría queer, incluso en su forma más difícil, no es discriminar a una comunidad del mundo real, sino considerar nuestras vidas como fundamentales dentro de las principales conceptualizaciones de la experiencia humana, local y global, pasada y presente. Los géneros y las sexualidades de todas las tendencias merecen ser valorados como paneles de discusión hermenéutica y no como meras opiniones dentro de las historias del pensamiento. Abordar estos temas como ideas complejas en un razonamiento prolongado, como teorías, no como hechos, desafía a los estudiantes a pensar críticamente y a abordar diferencias.

El término queer ni siquiera es conocido por la propia comunidad LGBT, al menos no en su significación gramatical. Hablar de lo queer es cuestionar si en efecto la orientación sexual es el génesis de las relaciones afectivas, o si es apenas una expresión acuñada para justificar el gusto por un sexo en particular; es desafiar el paradigma de la afinidad sexual que tanto defiende la psicología y que no se atreve a discutirla; es desprestigiar la concientización biológica sobre el ser y alimentar las bases de un debate ontológico sobre el deber ser en función del sexo y no del espíritu… Lo queer es todo lo que rechazamos por miedo a encontrar un distintivo propio.

El problema de lo queer en el sistema educativo es que no reacciona, porque se conforma con presentarse como un fenómeno intrascendente dentro del concepto Pop-Art y como una tendencia anárquica del sexo. No categorizarla como un género sin género y no incluirla en las estrategias de inclusión a favor de quienes se resisten a identificarse con las otras letras anteriores a la Q, invisibiliza su mundo. Entonces ¿Por qué lo queer nunca ha sido incluido formalmente en la política educativa?

Los grupos de control socia, sobre todo la iglesia (que se integra mucho en el espíritu social y cultural a través de un ordena sistema de adoctrinamiento) alguna vez afirmó que el VIH-SIDA era una enfermedad enviada por Dios  para castigar la disforia de género y la orientación sexual diversa; es decir, los colectivos  de derechos humanos, aparte de luchar contra la discriminación, también buscaban con insistencia erradicar el estigma sobre dicha enfermedad  tan equivocadamente relacionada con la comunidad LGBT. Cuando la enfermedad comenzó a heterosexualizarse, se vislumbró un cambio paulatino en la forma tan homogénea de ver el mundo, especialmente en el ámbito educativo.

La identidad queer no tiene opción al momento de elegir una política protectora, porque la base de sus derechos se enfoca más en la libertad de expresión que en las libertades sexuales. Plantear siquiera una segregación política de lo queer con las otras tendencias sería un suicidio ideológico, porque el margen de vulnerabilidad agrandaría por la confusión que genera el término en la comunidad heteronormativa, lo cual terminaría en una regresión jurídica propiciada por los grupos de poder. Tampoco hay que forzar las relaciones identitarias entre todos los términos LGBT, porque siendo claros, al interior de ellos también existen pugnas respecto de la supremacía de derechos. Para consagrar lo queer, en primer lugar, es necesario reivindicar un manifiesto sobre libertad sexual que, muy aparte de buscar la reconciliación de los sectores de poder con los grupos LGBT, promueva el respeto a la manifestación artística siempre y cuando no atente la integridad de terceros. (7)

Tolerar y respetar la tendencia queer no conlleva el mismo trabajo que la integración LGBT ha logrado con la comunidad hetero. Lo queer es un complejo pensamiento que se desprende de   paralelismo hombre/mujer (presente, quieran o no, en las relaciones homosexuales) y de cualquier concepto erótico relacionado con la identidad del género. La naturaleza epistemológica de lo queer va mucho más del placer sexual o de la relación agape, porque responde a una necesidad de sentirse incluido, pero no etiquetado.

Lo LGBT se muestra como algo tradicional que poco a poco empieza a ser normalizado, pero lo queer permanece inmóvil. Si nos referimos al contexto Hispanoamericano, es imposible no citar a PRECIADO (2005) quien enfatiza que lo queer no tiene relación con el denominado “tercer sexo”, ni su ideología responde a una postura que atraviese de forma radical los géneros ya conocidos, por cuanto la multitud queer no manifiesta rasgos de una dualidad hombre/mujer o heterosexual/homosexual, sino que protestan ante las etiquetas de normal y anormal impuestas por el medio. Pero si la política y la ley no diferencia el rango entre identidades, hay algo que sí trascender últimamente: la identidad a través del arte.

América Latina ha sido un destacado productor de arte, literatura y cultura queer que contribuye a la comprensión de la resistencia, los movimientos y la sexualidad. Gran reflejo del avance en la cultura queer lo tiene Argentina con el auge de las "Milongas Queer" o el "Tango Queer", que consiste en bailar el tango sin tener considerar los roles heteronormativos tradicionales de los bailarines y, con frecuencia, intercambiar los roles de líder y seguidor. Por lo tanto, está relacionado con el papel abierto y promueve un tango unisexista, que no solo permite el acceso al tango para la comunidad LGBT, sino a personas de cualquier orientación. Asimismo, en diciembre del 2018, en la gallería "Casa Brandon" se celebró el Primer Festival de Arte Queer, que significó su principal punto de encuentro para la diversidad artística e intelectual LGBT, a razón de celebrarse el 70 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El concepto del festival fue el respeto por la igualdad, la libertad y la dignidad de todas las personas a través de una programación artística variada que incluyó cine, arte, danza, música y foros académicos.

Chile también ha recorrido un largo camino en la diversidad cultural, intento reponerse de los años represivos de la era Pinochet que abarca desde el año 1973 hasta el regreso a la democracia en 1990. Durante la dictadura, las personas LGBT eran detenidas, torturadas y asesinadas en masa. Pero Chile ha evolucionado rápidamente y en la libertad cultural y ha solidificado las bases para eventos LGBT muy importantes y la visibilización de una cultura queer muy fuerte. Incluso, como muestra de solidaridad con la comunidad LGBT, el Palacio de la Moneda se ilumina con colores del arco iris cada 17 de mayo por conmemorar el Día Internacional contra la Homofobia (Comité IDAHO), a pesar de que la sociedad chilena sigue siendo muy conservadora y con férrea influencia de la Iglesia Católica.

Brasil siempre ha enfrentado una presión sin precedentes por partes de grupos conservadores y evangélicos, forzando una violenta ola de racismo, homofobia y transfobia sin ningún tipo de excepciones. Pero el "Queermuseu", una exposición de arte que se centrada en el género y la diversidad sexual, que había sido clausurada en el año 2017, fue reabierta y reinaugurada en agosto del 2018, con una asistencia récord sin precedente, que ha provocado el resurgimiento del espectáculo y la manifestación artística queer en la Escuela Privada de Artes Visuales de Río de Janeiro, promoviendo una política en contra de intolerancia, la violencia contra la libertad del arte y la educación.

Ecuador también ha buscado salir del colapso moralista católico y levantar de cultura de tolerancia por las libertades sexuales. En la ciudad de Quito, a mediados del 2017, se realizó el evento "Queer City" que presentó una serie exposiciones pictóricas, talleres, performances, películas y seminarios en el marco de la programación del mes del orgullo LGBTI, extendiendo su permanencia en todos los centros culturales de la ciudad. El proyecto reunió a connotados activistas, artistas e investigadores para comparar y desertar análisis sobre la armonía dinámica entre lo queer y la vida social. contemporánea. Si bien la primera edición de este festival tuvo lugar en São Paulo, Ecuador tomó la pauta para desprenderse de la peligrosa intromisión conservadora y patriarcal en el medio. El concepto del festival no buscó definir o estandarizar la palabra queer, sino a enlazar la memoria histórica de la política LGBT con la genealogía gubernativa del país por intermedio del arte.

En México, el contexto histórico del arte queer tiene nombre y apellido: Frida Kahlo. Muy lejos de considerarla un ícono feminista, esa desviación romántico-depresiva disfrazada vanguardia, deja entredicho que Frida era un personaje queer y no una revolucionaria del ideal femenino. Ella no cuidó ni se apegó a las  normas de género, muchas de las representaciones de mujeres en sus pinturas podrían interpretarse como obras homoeróticas y no indigenistas, rechazaba las normas sociales preconstruidas  respecto de la forma en que se confeccionaba la ropa de mujer; tampoco buscó ser percibida como sexy y fue una de las primeras activistas de la expresión individual. Evitar los estereotipos y abusar del tequila, más que pregonar una independencia e igualdad, era un prototipo de nueva mujer que el mundo se negó a reconocer en esos años.

El arte queer aferra su concepción en la relación tiempo-espacio de los sujetos involucrados, así como en las variaciones contextuales que ha sufrido el término a lo largo de la historia, puesto que, mientras algunos han pregonado (desde siempre) la separación y distinción entre género y sexualidad apenas como una tendencia ideológica, otros proponen que su definición sea reformada a partir de tres campos de estudios: la sexualidad, la vida humana y el arte. Entonces, decir que lo queer es sinónimo de gay u homosexual, se convierte en un discurso inutilizable. Sus aristas teleológicas han podido acoplarse a las nuevas disciplinas que promueven al género y la sexualidad como algo inherente al espíritu personal, muchas veces vinculado con la libido y el deseo. Aunque el feminismo ha sido utilizado equivocadamente para ejercer un discurso queer, es necesario recalcar que, si bien ambos contienen matices sociales, no son compatibles al cien por ciento, por cuanto el conflicto entre un enfoque de género (s) y la visibilidad del género femenino, han dado paso a posiciones contrarias muchas veces excluyentes. Entonces, lo queer deja en entredicho la crítica hipócrita hacia las libertades sexuales, de quienes buscan el menosprecio de la población LGBT, mediante la imposición de una heterosexualidad institucionalizada que constriñe los deseos que intentan escapar de su norma. (Mérida, 2002)

4. Filosofía QUEER en la educación sexual

El trabajo de Michel Foucault bastante conocido en el área de la educación. Sus estudios detallados sobre la locura, la sexualidad, la punición y las ciencias humanas, han proporcionado a los teóricos de la educación una gama completamente nueva de conceptos (como disciplina y problematización), técnicas analíticas (como arqueología y genealogía) y argumentos (relacionados con el abrazo íntimo del conocimiento y el poder, y las formas en que los sujetos humanos se relacionan éticamente con ellos mismos y con los demás). Lo que aún no se sabe es que la obra de Foucault en su conjunto incorpora dentro de sí misma y ofrece para el consumo más amplio una serie de temas educativos clave. En un contexto generalizado, la educación foucaultiana recae en las funciones y sus perspectivas futurista, sobre todo en el marco queer.

El cambio de siglos de características negativas a positivas de la disciplina fue de primordial importancia en el establecimiento de la escolarización como una tecnología disciplinaria para toda la sociedad. Fue de la mano con el desarrollo de nuevos procedimientos educativos y retransmisiones a través de los cuales los sujetos individuales y colectivos podrían ser manejados, sus contextos regulados, sus capacidades aumentadas y sus efectos canalizados, incluyendo el desarrollo de nuevas metodologías de enseñanza, la aplicación de nuevas formas de micro disciplina, la distribución del tiempo, el manejo de la sexualidad y la manipulación de cuerpos.

Nadie puede negar que Michel Foucault ha ejercido una notable influencia dentro de las corrientes de la educación y la antropología del género. Son precisamente sus ideas sobre las tendencias sexuales, quienes son conducen a la exploración del cuerpo y el alma en la teoría queer, pues las influencias de sus aseveraciones médicas engloban una práctica social importantísima a la hora de configurar distintos criterios de subjetividad para delinear identificaciones sexuales. En la identidad gay, el alma es apreciable, descifrable y consumible. En las identidades trans, aunque existe un choque constante entre el ser, el soy y el quiero ser, también el alma se representa a sí misma frente a la banalidad del cuerpo, a quien reconoce como suyo. En lo queer, el alma no halla un cuerpo fijo, no porque no lo quiera, simplemente no lo necesita. Para el género, lo queer sería como el noúmeno de Kant, dado que el espíritu se rige por su propia ley. Por esto, Foucault muestra rechazo a todo tipo de represión y objeción respecto de las libertades sexuales, y afirma que la principal prueba sobre la permanente construcción del género es el enfoque restringido y proliferado que tiene los discursos sobre sexualidad.  Entonces, imputando una razón propia, se preguntaba ¿Qué era o  es la sexualidad?,  reflejando como característica vital de su  argumento que la sexualidad no es un rasgo natural de los seres humanos, sino un cúmulo de experiencia construidas cuyos orígenes tienen bases históricas, sociales y culturales, más que contenidos biológicos. Si bien esta concepción es complicada de entender, tiene rasgos intuitivos, porque la sexualidad, al ser una condición natural, forma parte de la identidad de un individuo, pero es el género quien la complementa. No se trata de atinar cuestiones emocionales o afectivas, sino de hallar la forma equilibrada de reflejar la intimidad. (Spargo, 2000)

Tratar a la fenomenología queer como algo superlativo en relación al género, es quitarle naturalidad al comportamiento humano.  Foucault nunca descartó dimensiones biológicas en función de la sexualidad, pero sí priorizó el papel fundamental de las instituciones y sus discursos de formación. Pero Foucault no comentó explícitamente las causas del deseo carnal entre personas del mismo sexo, más bien, al indagar sobre las diferencias entre la homosexualidad innata y los condicionamientos sociales, se limitó a responder que su principal preocupación era conocer cómo funciona la sociedad en relación al sexo, y no al revés. (Halperin, 1997)

Ahora, dentro de la educación sexual, resulta interesante replantearnos la clasificación de los géneros aceptados por las normas sociales. Absorber una postura naturalista (contemplando la biología como punto de llegada) equivaldría a reducir al género a una mera intención de cambio y no a una contraposición fáctica a la historia de la sexualidad, pues, en este modelo, la mujer se convierte en un mero objeto fabricador de roles, tal como ocurre actualmente con las personas trans.  Al relacionarlo con lo queer, el pensamiento de Foucault sobre el poder identifica tres formas de prohibición perfectamente aplicables a la identidad queer, que la convierten en tabú: a) negar que exista; b) impedir que sea nombrada y c) decir qué no debe hacerse. (Varela, 2015)

Lastimosamente, la educación sexual recae en tres principios axiológicos que no se trata de tres principios independientes, sino una secuencia de posturas que se convierten en una lógica en cadena:  1) Preferimos negar la existencia de un discurso queer, ante la dificultad de entenderlo; 2) Evitar nombrarlo para no incurrir en ignorancia; 3) Sancionamos lo queer (como a la identidad trans) desde un enfoque moralista que, por intermedio del coloquio, pudieran parecer discursos normales.

Abordar la realidad de lo queery su relación con la identidad personal, vincula la idea de Foucault al afirmar que la identidad no es una noción metafísica, sino una noción política, la cual es necesaria para aquellas estrategias de poder que buscan convertir a los seres humanos en instrumentos de control social.  Y tiene mucha razón.

Proporcionar un debate sobre cómo identificarse una persona través el conocimiento de sus antecedentes culturales, provoca una idea subyacente de que cada individuo tiene poder sobre sí mismo. La identidad sexual basa su construcción (regularmente) en función de cómo reaccionan los seres pertenecientes a nuestro círculo social. En otras palabras, la identidad funciona a partir de una construcción social, que se asienta en estereotipos alejados de nuestro yo.  Ese poder al que se refiere Foucault es algo subjetivo que desafortunadamente tiene a retratarse como algo intimidante o sublime dentro de las relaciones sociales, que tienden a convertirse en relaciones de poder. (Foucault, 1975.)Esto se refleja, en la etiquetación que, a lo largo de la historia, la identidad de género ha recibido por parte de los grupos con gran poder discursivo.   Por ejemplo el hecho de exista discriminación hacia grupos trans en sucesos tan simples como  entrevistas de trabajo, usar los baños designados para  hombres o imponer condiciones cuando se proporciona un servicio de alojamiento o educación, etc.,  que no se aplican a otros géneros, muestra que, aunque no es ilegítimo  adoptar  medidas especiales para incluir  a grupos o individuos que históricamente o que han sido tratados en condiciones desiguales, se ha tenido que recurrir a la justicia ordinaria para reclamar tales derechos que deberían cumplirse sin mayores exigencias.

En un interesante monólogo, Foucault, dentro su obra “La historia de la Sexualidad”, se refiere al fabricado discurso con que hoy se institucionalizan las fobias en el sistema educativo.

“¿Oculto, el sexo?

¿Escondido por nuevos pudores, metido en la chimenea por las tristes exigencias de la sociedad burguesa?

¡Al contrario: incandescente!

Hace ya varios cientos de años, fue colocado (el sexo) en el centro de una formidable petición de saber.

¡Petición doble! Pues, estamos constreñidos a saber qué pasa con él, mientras se sospecha que él sabe qué es lo que pasa con nosotros.”

Esta noción –aparte de la retórica enunciada -  debe ser tomada  como método de análisis o  como aproximación al entendimiento de las relaciones de poder que operan en conjunto para crear las condiciones de aceptabilidad de un sistema. Sobre esto, está demás decir que  las normas sociales y morales impuestas al género, no son otra cosa que  política pública trasgresora de libertades fundamentales, que, al asentar sus bases normativas, prescriptivas y sancionadoras  dentro de un sistema social para delinear comportamientos según modelos prediseñados de masculinidad y feminidad, se tornar una lucha constante entre lo correcto e incorrecto según la perspectiva del poder público. Por esto, las prácticas reguladoras de género y la obligatoria heterosexualidad del sistema educativo se legitiman con base en lo que PRECIADO ha denominado un dispositivo pedagógico donde existen policías de género que vigilan las cunas para prever que cada niño crezca con identidad hetero. (Méndez-Tapia, 2017)

Este tipo de control posee al individuo y, por lo tanto, crea una "identidad falsa" fomentada por apreciaciones o imposiciones personales de terceras personas.

La teoría queer es fundamental al momento de explicar “la figura del transgénero", y aunque muchos pudieran sugerir la existencia de una dicotomía entre ellas, lo trans también está fundamentado en una crítica subjetiva.  No se debe ignorar la crítica de Foucault en temas de transexualidad y transgenerismo, porque, como lo he compilado en párrafos anteriores, se vuelve  un propósito importante formular una crítica  comparativa entre la fenomenología común y el estudio del comportamiento de Foucault, para reconsiderar una explicación suficiente sobre las subjetividades del género. Por esto, las modernas  – y extrañas –  explicaciones  teóricas del género (como la performatividad de Butler,) se han visto limitadas por un abandono parcial de la fenomenología en  su contexto social, lo que imposibilita captar las  condiciones experimentales de la población trans. (Rubin, 1998)

Y aunque muchos teóricos a finales de los años 1970 desarrollaron teorías sobre la construcción social de la sexualidad (Macintosh, Weeks, Butler, etc), se debe dar el mérito a Foucault por el estudio de los comportamientos queer. Esto, parte desde el enfoque personal que Foucault le dio al concepto de poder, notando poca estabilidad en la política identitaria, creyendo que el individuo fue creado a través de un discurso, mismo que tuvo su génesis en sistemas políticos generadores de conocimiento.  Esta postura, que habría resonado con los primeros teóricos queer, Además, como el posestructuralismo forma una espina dorsal importante en las identidades del género, no es sorprendente que los autores sigan recurriendo a Foucault, por cuanto sus obras dispersan contextos más radicales y empapados en la deconstrucción de las categorías de la sexualidad, que las obras de sus contemporáneos que también experimentaron tales temas. (S, 2009)

Entonces, así como el discurso de Foucault puede explicar la construcción de las identidades, también complementan la falta de discusión en torno a lo queer. Cabe cuestionar entonces, si los colectivos LGBTI buscan perseguir y hacer respetar un patrón sociocultural, o sencillamente buscan sentirse cómodos con su forma de ser fuera de lo queer. Consideremos también que en la actualidad el término aun se usa de manera peyorativa, convirtiéndolo en blanco de discriminación y estigmatización en ámbitos sociales y culturales, etc. Sumado a esto, los grupos conservadores reafirman su postura que la identidad del género es un foco transgresor de la sexualidad binaria.

Lo queer es como un viaje astral donde el espíritu se desprender del cuerpo para explorar el mundo, por tanto, preguntarle al sexo quién realmente somos, es la base de la construcción identitaria. Muy aparte de conocer el sexo como un elemento de la naturaleza humana (cuyo objeto de estudios es inherente a las ciencias biológicas), se debe buscar explicaciones en su contexto histórico y significativo. Naturalmente, desde que nacemos recibimos una asignación sexual indistinta a la identidad que podamos adquirir en un espectro racional. Mucho más allá de idearnos una lógica humana en relación al cuerpo, vale rever aquello que denominan oposiciones duales, como lo son el alma y cuerpo, y la carne y el espíritu.

5. Conclusiones

Los debates en torno a la teoría queer y su notoria dificultad no son razones para evitar su enseñanza. Más bien, su aprendizaje debe ser clave y -a manera de analogía- funcionar como un entrenamiento físico, trabajando los músculos a niveles más allá del potencial presente, proporcionando métodos ligeramente más complejos de lo que los estudiantes creen que pueden discernir. Cuando se asignan ensayos difíciles, típicamente se ofrecen tres indicaciones de reflexión a los estudiantes: transcribir, citar y comentar de tres a cuatro oraciones sobre una idea en la lectura que se siente seguro de haber comprendido. La teoría queer no es del gusto de todos, pero tampoco ajena a la "vida real" en el sistema educativo, como afirman los detractores. Su aparición respondió a brechas curriculares y necesidades comunitarias que podrían discriminarse negativamente con demasiada facilidad. La teoría didácticas -incluso normalistas- no prohíbe la enseñanza de sociología, ciencia, historia, política o salud pública. Campos como estos, conllevan inevitablemente sus propios conceptos de género y sexualidad, disertando conceptos y observaciones que requieren una remodelación de la perspectiva sobre la tolerancia en la educación.

En el caso de los estudios queer, la pedagogía debe procurar una pertinencia práctica de las clases basadas en humanidades, mismas que suelen animarse cuando el aprendizaje versa sobre colaboraciones directas entre artistas, activistas y académicos y estudiantes. Mientras se analiza (por ejemplo) una película, la discusión se centra en cómo cada imagen tiene cierto tipo de sentido en su contexto inmediato, pero también alista la comprensión reflexiva de lo que normalmente implican los planos cinematográficos corte transversal o disolución. Por la misma lógica, los deseos individuales abarcan gestos, gramáticas, fricciones e intensidades que acumulan significados compartidos a lo largo del tiempo, pero no están limitados a esos significados.

La teoría queer ha criticado parte de los estudios feministas y LGTB por las exclusiones que reproducen y la mirada sobre las identidades que se construyen como fijas, trans-históricas y universales; y, sobre todo, por no transformar las estructuras sociales vigentes que permiten considerar la sexualidad no normativa como constituyente de la exclusión social. La inserción académica de esta teoría se funda en el cuestionamiento con que las personas adoptan sus tendencias y comportamientos sexuales, así como el significado retrógrado que las esferas institucionales mantienen (todavía) sobre la libertad sexual.

La cultura queer en la educación podría ser la revelación de todas las identidades de género y sin género ante un machismo costumbrista; el hombre afeminado que aún no consigue adaptarse a la institucionalidad católica; el niño con destellos de sensibilidad distinta al impuesto en un hogar patriarcal; una persona que siente haber nacido en el género equivocado y busca responder a las necesidades sociales con esfuerzo propio, el amo de las lentejuelas, el danzarín exótico, la soprano hermafrodita, el etcétera.  Lo queer no se ubica solo en el ámbito específico de lo LGBT como tal, sino que conduce a la reflexión sobre la resistencia que hay sobre la experimentación del cuerpo y el alma. En él, existe un compromiso con la política figurativas que busca relacionar el cuerpo en lo personal y lo social. El espíritu orientador y el cuerpo extraño del arte queer, refleja connotaciones artísticas de rechazo, no hacia lo cotidiano, sino a la discriminación que siempre han propuesto los aspectos dominantes de producción, reproducción y representación artísticas que apenas normalizan las manifestaciones heterosexuales. Tampoco considero al arte queer como una subcultura del género LGBT, sino una cultura propia, pues, la diversidad de significados que propone el arte queer (conductor opuesto del esencialismo) procura subvertir e invertir las formas, la estética y las estructuras habituales dentro del arte y el entretenimiento. La característica experimental, provocativa y suspicaz, convierte al arte queer en el hijo anárquico de la cultura hetenormativa y se muestra a sí mismo como una exhibición de lo nuevo y no de lo extraño.

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Citas

1) Considero que los medios de comunicación juegan un papel importante en la construcción de los roles del género. A lo largo de la historia, ellos han informado las experiencias de los colectivos LGBTIQ desde distintas posturas, sean estas sociales o estrictamente biológicas. Sin embargo, las implicaciones de la comunicación globalizada en investigaciones públicas han podido crear conciencia sobre los problemas de los grupos marginados, incluidas las personas LGBTIQ, lo que ha reflejado (en buen sentido) una gama de vulnerabilidades específicas por razones discriminatorias. Por eso, al igual que varios autores, planteo la posibilidad de que la exclusión o la ausencia de narrativas sobre la realidad LGBTIQ puede contribuir a su marginalidad

2) Michel Foucault en su obra "Historia de la sexualidad" indicaba que no se deben tomar las expresiones de “hombre”, “mujer” y “homosexual” porque se atribuyen a sí mismo una serie de concepciones culturales y que ninguna de ellas es más natural o fundamental que las otras. Partiendo de esto, el término QUEER vendría a desligarse de la idea banal del género, ya que ésta distinguía -de forma clasista - lo normal y lo anormal en función de una relación binaria

3) Para Monique Wittig, las distinciones sexuales entre hombre y mujer generan una lucha de clases desde una concepción marxista, pues, es palpable una explicación laboral de los hombres sobre las mujeres. Desde aquí, ya proponen con urgencia el desarrollo de unas políticas feministas que busquen aminorar -sino erradicar-  la constante opresión del patriarcado, ya que la heterosexualidad (atribuida como rasgo predominante en los hombres) se muestra como un sistema político que domina a las mujeres desde múltiples aristas.

4) Para Derrida, el término QUEER invita a que las corrientes actuales busquen enfrentarse a las tendencias venideras, aceptándolas como una novedad total dada su imposibilidad de aprender su otredad desde un lenguaje propio. No obstante, reafirma su postura de que lo nuevo no puede ser reducido a algo ya existente, porque sólo así podría conseguirse (mediante un estudio previo) un resultado compacto.

(5)Adrianne Rich exhorta un análisis de la heterosexualidad como tendencia institucionalizada, misma que se niega admitir que los sistemas económicos de la época buscan mantenerse por medio de la fuerza, incluyendo la fuerza física y la objeción de conciencia sobre derechos de minorías y grupos invisibilizados.

(6) He leído en varios portales, que actualmente dentro del término QUEER predomina el significado de raro o anormal. Sin embargo, me resulta despectivo tratar a las tendencias no cisgéneros con dichos adjetivos. Siendo inclusivos, considero que darle a lo QUEER un sentido de no ordinario, puede generar otra perspectiva social (incluso gramatical) pues, ni estaríamos pregonando un rango de normalidad que siempre será discutido, ni cobijaríamos al término con apelativos extravagantes.

7) Por lo general, cuando se debate la libertad sexual frente a grupos conservadores o religiosos, se usa como discurso la presunta imposición de las tendencias LGBTIQ, alegando que no discriminan la madurez sexual de la población. En gran medida esto ha dependido del rechazo que la Iglesia demuestra sobre la ideología del género, pues, siendo la religión un controlador de masas, es muy probable que se puedan inculcar odios a través del adoctrinamiento y la confusión.


1. Profesor investigador de la Universidad Metropolitana del Ecuador (UMET). Abogado por la Universidad de Guayaquil, Máster en Política Criminal por la Universidad de Málaga con mención investigador y candidato a Doctor (PhD) en Ciencias Jurídicas por la misma institución. Email: cluis@umet.edu.ec


Revista ESPACIOS. ISSN 0798 1015
Vol. 40 (Nº 44) Año 2019

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